La llegada

Una de las cosas que siempre nos preguntábamos – a pesar del  famoso “hospital tour” – , y nunca pudimos saber a ciencia cierta, era cómo iban a ser las primeras horas del nacimiento de Little R. y cómo sería el protocolo y el trato por parte del personal del hospital en nuestro caso. Sabemos que hay algunos estados de E.E.U.U. que están muy familiarizados con el tema, pero en Atlanta, y en “nuestro” hospital, no habían habido demasiados casos antes. Si a esto le añadimos el sorpresivo adelanto del nacimiento, y la llegada a deshora de C, os podéis imaginar su estado de incertidumbre a la llegada a Atlanta, de no saber exactamente con qué se iba a encontrar una vez llegada al hospital.

Lo que C se encontró en el hospital, nada mas llegar, fue unas recepcionistas tan amables como descolocadas. No entendían mucho el caso, y cuando C (con sus piernas temblando) preguntó por su hijo, la respuesta fue “debe estar con ‘su madre‘, no?”. Después de explicarles que la madre era ella, la enviaron a la habitación de A, donde una sonriente y aliviada A le dio la bienvenida.

El sistema de seguridad del hospital permite que solo las personas que tienen una bandita especial en su muñeca (que es la misma que tiene el niño en su pie y en su muñeca) puedan estar solos con él. Como A era la única persona que estaba ahí después del parto, era la única que podía avisar a las enfermeras para que trajeran al niño de la nursery, así es que apenas le contó como había sido todo lo del parto, mostrándole las fotos que le habían sacado recién nacido,  apareció la enfermera con el carrito que traía al pequeño a conocer a su madre. C lo vio entrar en cámara lenta, y apenas lo vio, no supo como cogerlo… A le iba dando pequeños consejos prácticos, y mientras tanto las enfermeras se encargaban de dar los horarios para la comida, y comenzaban a mover los hilos para que todas las responsabilidades del bebé pasaran a C. Así fueron pasando las horas en que C y Little R se iban conociendo, y el personal del hospital se iba familiarizando con el caso.

El protocolo resultó sencillo, había un pequeño cuarto con un sofá en frente de la nursery – “the parents room” – que sería en donde C y R podrían estar con Little R todo el tiempo que quisieran, sería “su habitación”, y la única persona que podría estar con el bebé sola, sería la que tuviera la nueva bandita, es decir C. Hasta que no se hizo efectivo el cambio de banditas, C estuvo con A en su habitación con el niño. Y fue allí en donde se hizo el traspaso de responsabilidades “the big moment“, como A lo llamó. Todas las enfermeras que estaban por ahí fueron muy amables, muy empáticas y muy interesadas en el caso, ahí mismo C tuvo que firmar una serie de “contratos” en relación a la responsabilidad de cuidar al niño (no dejarlo solo bajo ninguna circunstancia y no confiar en ninguna persona que no lleve su identificación colgada al cuello), decidir si se le administraban las vacunas, entre otras cosas. La primera noche Little R pasó la noche en la nursery ya que C partió a instalarse y a descansar, y a partir del día siguiente C se hizo cargo de él durante todo el día, y por la tarde-noche, ya se les unió R.

Durante los primeros días al bebé le realizan una serie de análisis obligatorios, y si está sano y pasa correctamente todos los exámenes, después de 48 horas de nacido, ya puede irse a casa, pero para eso tiene que pasar por una serie de condiciones o exigencias:

1.- Tener una silla para el coche. Sin ella no podréis sacar al niño del hospital.
En el caso de que el niño nazca antes de la semana 37, por lo menos en Atlanta, les realizan una prueba por la cual se aseguran de que los bebés prematuros son capaces de sentarse en un asiento de coche de forma segura, sin ningún tipo de episodios de desaturación, apnea o bradicardia. Para ello tenéis que llevar la sillita al hospital para que le puedan dar el alta.

2.- Tener el alta por escrito por parte del pediatra que lo vio en el hospital

3.- Notificar el nombre del pediatra que lo visitará rutinariamente en el período en que os encontréis en E.E.U.U., y la fecha de la primera cita. Nosotros buscamos un pediatra que estuviese dentro de la red médica que cubría nuestro seguro.

4.- Tener rellenado y entregado todo el papeleo para la obtención del Certificado de Nacimiento, primer paso dentro de una serie de trámites burocráticos para la obtención de los pasaportes (ya lo veremos en el siguiente post)

Antes de irnos, la enfermera a cargo nos preguntó si teníamos todo lo necesario en casa para cuidar al bebé, y nos llenó de bolsas con pañales, fórmula, biberones, chupetes, una manta, unas camisetas, calcetines, y gorritos para que pudiéramos sobrevivir los primeros días sin tener que ir corriendo a la farmacia a abastecernos con los artículos básicos necesarios para cuidar de Little R.

Y 18 días mas tarde  aquí seguimos, con sueño acumulado, expertos en cambiar pañales, pero felices y contentos. Little R es un niño sano, que come y crece al ritmo apropiado. Durante estas casi tres semanas hemos visitado dos veces al pediatra, siendo los resultados satisfactorios, así que como decimos arriba, estamos tan cansados como felices.

Por otro lado está el tema de los pasaportes ( tanto el americano como el español). Hay que realizar una serie de trámites  que vamos a ver en el próximo post, ya que a pesar de que no son muy complejos, requieren una cierta explicación.

Hasta ese momento, un saludo de los 3!

R&C+r

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